Si has leído la publicación: Tercera pregunta antes de escribir una novela: ¿para Quién va dirigida? que tenemos en el blog y necesitas saber más, en esta entrada nos vamos a plantear la cuarta pregunta que debe hacerse un autor antes de escribir una novela: ¿Cómo lo cuento? Aunque ya tenemos muy definida toda nuestra trama nos falta saber Cómo lo vamos a hacer y es importante tener claro este punto antes de remangarse y ponerse a escribir, ya que no tener una buena planificación e ir improvisando nos puede tirar por tierra todo el trabajo.

Aquí vas a tener que optar por un formato estructural que se amolde lo mejor posible a la historia que ya ha tomado forma en tu mente. ¿Nos vale con una novela corta, una media o una extensa? ¿Se compone de varios volúmenes o es autoconclusiva? Estas cuestiones deben resolverse ahora y, aunque la historia puede llevarte por muchos derroteros, tener claro el Cómo siempre es fundamental. Segundas partes forzadas (o cuartas) nunca son una gran idea. Muchos autores consagrados se han dado un batacazo por estirar una historia que ellos mismos no querían alargar.

Cuarta pregunta antes de escribir una novela: ¿Cómo lo cuento?

El tamaño sí importa

Aunque ya te adelantamos parte de este apartado en El Formato de la anterior entrada, tener claro el tamaño de tu novela es esencial. Sabemos que es algo difícil de definir porque en la mayoría de los casos las historias te llevan por unos recorridos que no teníamos previstos. Sin embargo, hay que intentar no irse mucho de la previsión inicial. Textos de más de 200.000 palabras son tamaños considerables y su peso, una vez impreso, puede superar el kilo. Es algo a tener en cuenta, ya que muy pocos lectores tienen tiempo para disfrutar de la lectura con la comodidad necesaria y usan lugares, como el transporte público, para leer. Cargar con ese peso puede ser contraproducente para tu novela.

En definitiva, y sabiendo que hay detractores de todos los formatos, debes de ser tú quien decida el tamaño adecuado a tu historia. Ten en cuenta estos factores, pero al final es la novela quién necesita el espacio para estar completa, no el lector.

Novela corta. Un subgénero en sí

Hemos dejado a parte la novela corta ya que por ella misma forma un género literario. No tiene ninguna regla específica añadida a las ya conocidas de una novela normal, salvo el límite de palabras. Como ya dijimos, su extensión máxima sería de entre 50.000 y 65.000 palabras. El aspecto fundamental es que debes adaptarte a ese límite a la perfección, sintetizando tu obra para que quede clara con este tamaño reducido.

No es una tarea fácil, te lo aseguramos. A muchos escritores les cuesta horrores narrar en tan poco espacio, pero hay muchos lectores a los que les encanta este género. Así que es una opción muy válida a la hora de elegir el tamaño adecuado para tu historia. Algunos ejemplos famosos de novelas cortas son: El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez y La metamorfosis de Franz Kafka.

Segundas partes nunca fueron buenas, ¿o sí?

Segundas partes nunca fueron buenas, ¿o sí?

¿Y qué pasa si quiero dividir mi historia en varias partes? En ese caso debes plantearte la trilogía. Como ya sabemos, una trilogía consta de tres libros (o películas) que guardan relación entre sí y que forman un todo. Quizá la más famosa sea El Señor de los Anillos, porque creó el género fantástico o más bien, dio renombre y prestigio a dicho género. Aunque en verdad es una hexalogía, es decir, seis libros. La editorial la empaquetó en parejas de dos porque eran demasiado cortas, justo todo lo contrario que pasa ahora.

Fuera de la novela fantástica hay ejemplos clave como Dune en la ciencia ficción (aunque a Frank Herbert se le fue la mano y sacó tres libros más aprovechando el tirón de los anteriores), Millenium que se ha continuado sin Stieg Larsson, algo muy parecido a lo que pasó con Dune, o más en terreno patrio y cercano en el tiempo, la exitosa Trilogía del Baztán de Dolores Redondo. Como puedes ver, una vez que sabes que tu historia va a tener varios capítulos es difícil poner fin, sobre todo si tiene éxito.

La novela autoconclusiva. Lo que se lleva ahora

El sector editorial, suponemos que guiado por lo que les exigen los lectores, está apostando, desde hace unos años, por este formato. Buscan novelas que terminen y que no tengan finales abiertos. Esto no quiere decir que no puedas continuar tu historia en un futuro, si tiene éxito la primera, claro. Puede que lo que tienes en mente se amolde a esta premisa o que estés pensado que es la mejor opción para llegar al público, pero nosotros creemos que no. Lo importante es que sea buena, no su extensión.

Un ejemplo de esto sería la novela Sidi de Arturo Peréz-Reverte, que no tiene continuación, en contraposición a Falcó, una trilogía que el autor planteó desde el principio.  Reverte es un claro ejemplo de escritor que busca el formato más adecuado para la historia que tiene en mente, alternando novelas autoconclusivas con continuaciones.

Al final es la novela quién necesita el espacio para estar completa, no el lector.

El Narrador

Quizá el punto más importante de Cómo lo voy a contar sea el narrador, ya que es la voz de la historia. Aquí existen tres grupos fundamentales de narradores dependiendo del individuo que lo cuente. Es decir, en primera persona, en tercera persona y, la menos usada, en segunda persona. Es vital saber que no mantener una coherencia en este punto da al traste con todo tu trabajo. Alternar dos o las tres formas es peligroso y difícil. La mayoría de escritores eligen una, donde están cómodos, y no se preocupan por las demás. Es su estilo y es bueno tener claro dónde eres más fuerte.

Tipos de Narrador

El Narrador en primera persona

Aquí podemos distinguir tres tipos básicos de narración en primera persona.

  1. Narrador protagonista. El cual participa en la historia como personaje principal y nos da su versión de los hechos. Este tipo está de moda hoy en día.
  2. Narrador testigo. Aquí el narrador tiene un papel indirecto y nos cuenta la historia de terceros desde su perspectiva. Puede estar implicado en la trama o no.
  3. Narrador interior. Un monologo del personaje principal contando sus vivencias en bruto.

El Narrador en segunda persona

Es, sin duda, el menos usado debido a su dificultad técnica, ya que no es fácil mantener la atención del lector. La segunda persona apela al público y resulta cansada en exceso, pero usada en momentos concretos, aporta intensidad y fuerza. Dos ejemplos de narración en segunda persona serían: La Caída de Albert Camus y Kanada de Juan Gómez Bárcena.

El Narrador en tercera persona

Llegamos al que es el más usado en la literatura, el narrador en tercera persona. Esto no significa ni que sea el mejor, ni el más fácil, solo que es el que resulta más natural. También existen tres grandes tipos de narradores en este apartado.

  1. Narrador omnisciente. El cual conoce todo lo que sucede en cualquier parte y cuenta la historia de todos los personajes con su voz.
  2. Narrador observador.  Solo se centra en un personaje, normalmente el protagonista, y cuenta sus vivencias a través de sus ojos.
  3. Narrador deficiente. Es el más cercano, ya que no lo sabe todo y va relatando los hechos según los va averiguando.

Conclusión

Como has podido leer, responder a la pregunta: ¿Cómo lo cuento? es sencillo si tienes claro una serie de pautas y si tu edificio, ese que empezamos a construir en la primera entrada, está bien organizado. Tanto la longitud de tu escrito, como si va a tener más de un volumen y el tipo de narrador son cuestiones que a estas alturas deben estar casi claras por completo.

Ya has terminado el edificio y ahora tienes que pensar quién lo va a habitar. Ya estás preparado para platearte la quinta y última pregunta de esta guía: ¿Quién va a protagonizarla?

Si quieres saber cómo sigue el proceso de construcción de una novela, pincha en el siguiente enlace. Quinta pregunta antes de escribir una novela: ¿Quién va a protagonizarla?

Y si tienes alguna pregunta, no dudes en escribir un comentario tanto en esta entrada como en nuestras redes sociales.


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